sábado, 24 de septiembre de 2016

EL MAR DE LAS LÁGRIMAS

Salieron de buena mañana en una pequeña barca. Su familia merecía algo mejor que la incertidumbre de no saber si seguirían vivos al amanecer. Una semana antes las bombas acompañaban su sueño en su pequeño pueblo pero ese día era el canto del mar el que les susurraba que iban hacia una nueva vida, hacia una nueva oportunidad. Eran optimistas, pero faltaba un último esfuerzo.

El trayecto entre la costa turca y la isla griega era corto, pero sólo tardó cinco minutos en desatarse el horror. La barca volcó y todos cayeron al agua. El padre vió como sus hijos se hundían en las profundidades, trató de agarrarlos pero sus pequeñas manos se escurrieron entre sus dedos. No los volvió a ver. Sus lágrimas se mezclaban con el agua. Así me lo encontré yo, flotando a la deriva. Lo metí en mi barca y me lo llevé a la costa. Allí me narró la cruda realidad de lo que había vivido.


En ese mar hace dos mil años que ya no cantan las sirenas. Ahora sólo se oye el rumor callado de los que no llegaron, el llanto silencioso de los niños que nunca crecerán. Las sirenas callan, los niños callan y los padres lloran. Solamente el susurro de las olas nos lo cuenta. Ya no hay más sufrimiento, o eso ven nuestros ojos vendados.


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